En nuestro lineal hay treinta referencias de vitamina C para tomar y dos cosméticos que la llevan en el nombre, entre los 396 de cuidado personal. Es un quince a uno. Si la vitamina C fuera sobre todo un asunto de piel, el lineal estaría justo del revés, porque la evidencia clínica en piel está casi toda en lo que se aplica y casi nada en lo que se traga.

Este artículo no va a decirte que la vitamina C no sirve: es imprescindible para fabricar colágeno y es el único activo del mercado de la belleza con una declaración de salud europea autorizada que menciona la piel. Va a decirte tres cosas concretas: cuántos miligramos necesitas al día, por qué a partir de cierta cifra el cuerpo deja de absorberlos, y cuáles son los tres datos que deciden si un sérum funciona y que la ley no obliga a imprimir en el envase.

En corto

  • La ingesta de referencia europea es de 110 mg al día en hombres y 95 mg en mujeres (EFSA, 2013). El valor que divide los porcentajes de la etiqueta, el VRN, es otro: 80 mg.
  • La media española es de 84,4 mg al día. El déficit no es la norma: el problema es el 29 % que se queda corto.
  • La única declaración autorizada que habla de piel dice que «contribuye a la formación normal de colágeno para el funcionamiento normal de la piel». No hay ninguna sobre arrugas, firmeza ni luminosidad.
  • Su condición es baja: ser «fuente de vitamina C», 12 mg por 100 g o 6 mg por 100 ml en bebidas.
  • Entre 30 y 180 mg se absorbe el 70-90 %. Por encima de 1 g al día la absorción cae por debajo del 50 % y el resto se orina.
  • En el sérum deciden la concentración, el pH y la forma química, y el Reglamento de cosméticos no obliga a declarar ninguna de las tres.
  • Un pimiento rojo crudo lleva 128 mg por 100 g y un kiwi gold, 161. La verdura hervida puede perder el 80 %.

Qué hace realmente la vitamina C en la piel

La vitamina C es el cofactor obligatorio de dos enzimas, la prolil y la lisil hidroxilasa, que hidroxilan las cadenas de colágeno recién fabricadas. Sin esa hidroxilación la triple hélice no se estabiliza y el colágeno sale defectuoso. No es teoría: es el mecanismo del escorbuto —petequias, hematomas, mala cicatrización, pelos en sacacorchos—, que aparece con ingestas por debajo de unos 10 mg al día mantenidas durante semanas, según los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos. La segunda función es antioxidante: cede electrones y neutraliza especies reactivas de oxígeno, incluidas las que genera la radiación ultravioleta.

Y aquí está el salto que casi nadie explica. Que una vitamina sea necesaria para un proceso no significa que más vitamina lo acelere. El cuerpo no la almacena como las liposolubles: mantiene una reserva de 1,5 a 2 g y la regula por absorción y por riñón. EFSA, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, define su requerimiento medio como la cantidad que mantiene el plasma en ayunas alrededor de 50 µmol/l, el punto en que las reservas se consideran casi saturadas. Por encima, la curva se aplana: el plasma sube hasta 70-80 µmol/l y se detiene. La vitamina C es un interruptor, no un acelerador: si te falta, la piel lo nota; si no te falta, duplicar la dosis no fabrica más colágeno.

Lo único que la ley europea deja afirmar

En el anexo del Reglamento (UE) 432/2012, la lista cerrada de declaraciones de salud autorizadas en la Unión Europea, la vitamina C aparece quince veces: es uno de los nutrientes con más declaraciones de toda la lista. Seis son la misma frase aplicada a un tejido distinto —vasos sanguíneos, huesos, cartílagos, encías, piel y dientes— y la de la piel dice, literalmente: «La vitamina C contribuye a la formación normal de colágeno para el funcionamiento normal de la piel.»

Merece leerse despacio, porque cada palabra está puesta a propósito. Dice «formación normal» y «funcionamiento normal»: autoriza a afirmar que sostiene un proceso que ya funciona, no que lo mejore. No dice arrugas, ni firmeza, ni luminosidad, ni edad. El dictamen que la sostiene es de 2009 (EFSA Journal 2009;7(9):1226, entradas 131, 137 y 149) y evaluó la síntesis de colágeno, no el efecto estético.

La condición de uso es de contenido y es muy baja: basta con ser «fuente de vitamina C». El Reglamento (UE) 1169/2011 fija en su anexo XIII el valor de referencia de la vitamina C en 80 mg y considera cantidad significativa el 15 % por 100 g, el 7,5 % por 100 ml en bebidas o el 15 % por porción si el envase trae una sola:

Lo que la Unión Europea autoriza decir sobre la vitamina C y la piel, y lo que no
Afirmación¿Autorizada?Condición o motivoNorma
«Contribuye a la formación normal de colágeno para el funcionamiento normal de la piel»SíSer fuente de vitamina C: 12 mg/100 g, 6 mg/100 ml en bebidas o 12 mg/porciónReglamento (UE) 432/2012; EFSA Journal 2009;7(9):1226
«Contribuye a la protección de las células frente al daño oxidativo»SíLa misma condición de contenido. No menciona la pielReglamento (UE) 432/2012
«Mejora la absorción del hierro»SíLa misma condición de contenidoReglamento (UE) 432/2012
«Reduce las arrugas», «da luminosidad», «rejuvenece la piel»NoNo existe ninguna declaración autorizada con ese contenido para la vitamina CReglamento (CE) 1924/2006, art. 10
«Mejora la elasticidad y reduce las arrugas» (péptidos de colágeno)No: denegadaNo se aceptó que el cambio medido fuera un efecto fisiológico beneficiosoReglamento (UE) 1154/2014; EFSA Journal 2013;11(6):3257
«Autorizado por la autoridad sanitaria», en un cosméticoNoProhibido expresamente para productos cosméticosReglamento (UE) 655/2013, anexo, criterio 1

Doce miligramos por cien gramos es tan poco que lo cumple casi cualquier fruta y casi cualquier cápsula: la declaración, siendo verdad, no distingue nada. Es un mínimo, no un criterio de compra. La fila que informa es la cuarta, y la quinta explica por qué el resto del mercado de la belleza desde dentro habla con tanto rodeo: cuando un fabricante de péptidos de colágeno pidió poder decir que mejoraba la elasticidad y reducía las arrugas, la solicitud acabó en un reglamento de denegación, y lo contamos en el artículo sobre cuánto colágeno al día.

La consecuencia práctica es simple: cualquier bote de complemento de vitamina C que prometa un efecto estético concreto dice algo que la Unión Europea no ha autorizado. Es la señal más fiable para separar una etiqueta seria de una que no lo es.

Cuánta vitamina C al día, con las tres cifras oficiales

Pasa lo mismo que con la vitamina D: hay más de una cifra oficial y no dicen lo mismo. La primera es la de EFSA, que en 2013 fijó un requerimiento medio de 90 mg al día en hombres y 80 mg en mujeres y, a partir de ahí, una ingesta de referencia de 110 y 95 mg. El cálculo es transparente: pérdidas metabólicas de 50 mg al día, absorción del 80 % y excreción urinaria del 25 % dan una media de 91 mg, y un coeficiente de variación del 10 % lleva la referencia a 110.

La segunda es la del etiquetado: el VRN de 80 mg, más bajo que la referencia de EFSA. Un complemento que aporte exactamente los 110 mg de un hombre adulto debe etiquetar un 138 % del VRN, una cifra que suena a exceso y no lo es. El mismo desfase que ya vimos con la vitamina D.

La tercera es el techo, y es la más interesante porque no existe. La revisión europea de 2004 no pudo establecer un nivel máximo tolerable por falta de datos, aunque sí concluyó que 1.000 mg al día adicionales a la dieta no se asociaron a efectos gastrointestinales adversos. El Instituto Federal alemán de Evaluación de Riesgos usa esa cifra como valor de orientación y propone un máximo de 250 mg por dosis diaria en complementos. En Estados Unidos sí hay techo, 2.000 mg al día, con una recomendación más baja que la europea: 90 y 75 mg.

¿Y cuánta toma la gente? El estudio ANIBES, con 2.009 participantes de 9 a 75 años, midió una media de 84,4 mg al día, con un rango de 5,0 a 802,7. El 29 % se queda por debajo del 80 % de la recomendación española y el 56 % por debajo del 80 % de la europea, y las verduras aportan el 50,6 % de la vitamina C de la dieta española frente al 20 % de las frutas. Es el perfil opuesto al del hierro y el cansancio o al del zinc y la vitamina C para las defensas: aquí la media ya está en el rango útil y lo que hay es una cola larga de gente muy corta.

Cómo cubrir la vitamina C que necesita tu piel, paso a paso

1. Cubre los 110 o 95 miligramos con comida, que es donde sobran

No hace falta plan: con una pieza de fruta al día y una ración de verdura cruda o poco hecha se llega y se pasa. Un pimiento rojo crudo lleva 128 mg por 100 g y un kiwi gold llega a 161, según la base de composición de alimentos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos: medio pimiento en la ensalada cubre ya la referencia de un hombre adulto. La vitamina C no es un nutriente que haya que buscar, es uno que hay que no destruir.

Vitamina C por 100 gramos y qué parte de los 95 mg cubre una ración realista
Alimentomg/100 gRación realistamg de la ración% de los 95 mg
Kiwi gold, crudo1611 unidad, 130 g209220 %
Perejil fresco, crudo133Un puñado picado, 10 g1314 %
Pimiento rojo, crudo128Medio pimiento, 100 g128135 %
Col crespa (kale), cruda93,4Un bol, 50 g4749 %
Brócoli, crudo89,2Un plato, 150 g134141 %
Brócoli, hervido y escurrido64,9Un plato, 150 g97102 %
Naranja, cruda53,21 unidad, 180 g comestibles96101 %
Col crespa, hervida y escurrida17,8Un bol cocido, 100 g1819 %
Granada, cruda10,2Media granada, 150 g1516 %
Zumo de granada, embotellado0,1Un vaso, 200 ml0,20,2 %

2. No la hiervas: la cocción es el gran agujero

Es hidrosoluble y termolábil, así que se va por dos vías: se degrada con el calor y se queda en el agua. La col crespa pasa de 93,4 mg por 100 g en crudo a 17,8 hervida y escurrida, un 81 % menos. El brócoli aguanta mejor, de 89,2 a 64,9. Si cueces, cuece poco, en poca agua y aprovecha el caldo.

Eso convierte una decisión de cocina en una de compra: los congelados de verdura escaldada conservan bastante cuando no hay fresco, y el perejil crudo añadido al final aporta 133 mg por 100 g.

3. Si compras cápsula, mira el porcentaje del VRN

La Directiva 2002/46/CE obliga a que la etiqueta de un complemento declare la cantidad de nutrientes en forma numérica, por dosis diaria recomendada, y las vitaminas y minerales además en porcentaje de los valores de referencia. El dato está ahí por ley; solo hay que dividir los miligramos entre 80. La Vitamina C Ecológica de 830 mg de El Granero declara más de diez veces el VRN; la Vitamina C de 1.000 mg de Kal, más de doce; la Super Vitamina C Buffered de 500 mg de Solaray, algo más de seis. Ninguna es un problema de seguridad, pero sí un recordatorio de que a partir de cierto punto compras miligramos que se van por la orina. Y una medición incómoda de nuestro propio surtido: de los ocho complementos que enlazamos aquí, solo tres publican el porcentaje del VRN en la ficha de la web.

4. En el sérum, los tres datos que deciden son los que no te van a dar

Aquí cambia el marco legal. Un cosmético se rige por el Reglamento (CE) 1223/2009, cuyo artículo 19 ordena la lista de ingredientes «por orden decreciente de importancia ponderal en el momento de su incorporación», con una excepción enorme: los de concentración inferior al 1 % pueden mencionarse sin orden detrás de los que superan el 1 %. No hay ninguna obligación de declarar concentraciones.

Y los tres datos que deciden si un sérum hace algo son justo esos. La concentración: el óptimo máximo del estudio de absorción percutánea fue el 20 %, y los ensayos recientes usan del 10 al 15 %. El pH: el ácido L-ascórbico necesita bajar de 3,5 para atravesar la piel. La forma química: no todos los derivados se comportan igual.

Lo único legible es el orden del INCI. Si «Ascorbic Acid» aparece entre los primeros, hay cantidad; si aparece al final, detrás de conservantes y perfume, podría estar por debajo del 1 % y la lista no te lo aclarará. Nuestro sérum concentrado de vitamina C de Freshly Cosmetics publica el INCI completo; el sérum de argán con vitamina C de Plantis no lo publica en su ficha. Ninguno de los dos declara la concentración, y no están obligados.

5. Mira el color y apunta la fecha de apertura

El ácido L-ascórbico puro se oxida con el aire, la luz y el calor. Un sérum que vira de transparente o amarillo pálido a ámbar o marrón ya ha perdido parte del activo. No es una precaución de manual: la propia revisión sistemática de 2026 señala que la literatura notifica de forma inconsistente el pH, el vehículo, la concentración y la estabilización, que es el problema industrial de fondo de este ingrediente. De ahí tres hábitos gratis: envases opacos o con dosificador, lejos de la ventana del baño, y la fecha de apertura escrita en la caja. En cosmética natural importa más, no menos, porque los sistemas de estabilización suelen ser más sencillos.

6. No le pidas al bote lo que la ley no deja prometer

Si el objetivo es una piel con mejor aspecto, el orden de magnitud de lo que funciona está establecido y la vitamina C no es lo primero: protección solar diaria, no fumar, dormir, y comer suficiente proteína, fruta y verdura. La vitamina C, tomada o aplicada, es un añadido razonable sobre esa base. Y si lo que te preocupa es el pelo o las uñas, la categoría de pelo, piel y uñas tiene su propia conversación y sus propias trampas.

Lo que se aplica: qué dice la evidencia del sérum

El trabajo que fijó las reglas se publicó en 2001 en Dermatologic Surgery, del grupo de Sheldon Pinnell en la Universidad de Duke, y hay que decir en la misma frase lo que fue: un estudio en piel de cerdo, no en personas. Encontró cuatro cosas que siguen siendo la base de lo que se formula hoy. El ácido L-ascórbico debe formularse a pH inferior a 3,5 para entrar en la piel. La concentración óptima máxima fue del 20 %. Los niveles en tejido se saturan tras tres aplicaciones diarias, con una vida media de desaparición de unos cuatro días, lo que explica que la pauta sensata sea diaria y constante. Y la cuarta, la más incómoda para el mercado: el ascorbil fosfato de magnesio, el ascorbil-6-palmitato y el ácido dehidroascórbico no aumentaron los niveles de ácido L-ascórbico en la piel, y son tres de los derivados más usados justamente por ser más estables y menos irritantes que el ácido puro.

Veinticinco años después, la revisión sistemática más completa es de 2026: cuarenta y cuatro artículos de 263 cribados, con búsqueda cerrada en septiembre de 2025 y limitada a publicaciones desde enero de 2020. De esos 44, veinte son ensayos aleatorizados, cinco cohortes comparativas, dieciocho series de casos y uno un caso clínico. Los sérums estudiados van del 10 al 15 % de ácido L-ascórbico a pH inferior a 3,5. Los resultados son favorables y modestos: el ácido L-ascórbico con vitamina E y ácido ferúlico muestra mejoras reproducibles en fotoenvejecimiento; las microagujas con ascorbil fosfato sódico al 3 % mejoraron la pigmentación más que con suero salino; el ascorbil tetraisopalmitato se asoció a reducción de arrugas. Los efectos adversos fueron leves y transitorios.

Las limitaciones que declaran los autores son la parte que hay que leer: diseños y medidas heterogéneos que impiden comparar derivados; muchos estudios abiertos, cortos, pequeños o financiados por la industria; notificación escasa del fototipo, de modo que las pieles oscuras están mal representadas; y notificación inconsistente del pH, el vehículo, la concentración y la estabilización. Veinte ensayos aleatorizados en los que no se puede saber a qué pH ni a qué concentración se trabajó son el problema del consumidor delante del lineal, trasladado a la literatura. Nuestro sérum de vitamina C publica el INCI, que es un paso; la concentración y el pH no los publica nadie.

Lo que se toma: qué dice la evidencia del comprimido

Aquí la respuesta es más corta y menos vendible. En esa misma revisión de 2026 no hay ni un solo ensayo de vitamina C sola para la piel. Lo que hay son estudios de vitamina C combinada: 80 mg al día durante 16 semanas asociados a mejora de la densidad dérmica, la textura y el aspecto de las arrugas, pero administrados junto con péptidos de colágeno; y de 40 a 80 mg al día dentro de complejos antioxidantes. Con ese diseño el efecto no se puede atribuir a la vitamina C, y los autores no lo hacen. Del otro componente, los péptidos de colágeno, hablamos en el artículo sobre el colágeno.

Hay además un argumento aritmético que no necesita ensayos: si la media española está en 84,4 mg y la referencia es de 95 a 110, el margen por cubrir es medio pimiento; y si el plasma se satura hacia los 50 µmol/l, la cápsula de 1.000 mg no puede hacer por la piel lo que no haga la de 100, porque el tejido no ve más concentración.

¿No sirven, entonces? Sí sirven: para lo que dice la declaración autorizada, y de verdad cuando la ingesta es baja —ese 29 % que no llega al 80 % de la recomendación española, los fumadores (los Institutos Nacionales de Salud estadounidenses les asignan 35 mg al día de más; EFSA no fija un valor separado y solo constata que sus pérdidas son mayores), las dietas muy pobres en fruta y verdura y las convalecencias. Las formas más razonables para eso son las de dosis contenida y origen alimentario: la vitamina C natural de acerola masticable de Drasanvi, de 200 mg, o el Holovit Acerola de Equisalud. El formato de 500 mg con escaramujo de Nature's Plus y la vitamina C liposomal de Be Levels tienen sentido en otros contextos.

Cuatro mitos, tres de ellos contra nuestra propia venta

«Tomar vitamina C mejora la piel»

Es el mito central y el que nos cuesta dinero. Vendemos treinta referencias de vitamina C para tomar y ninguna tiene detrás un ensayo de vitamina C sola que demuestre mejora cutánea, porque ese ensayo no está en la revisión de 2026. Lo demostrado es lo contrario de lo que se vende: que la falta de vitamina C arruina el colágeno. Corregir una falta y mejorar algo que funciona no son la misma operación.

«Más miligramos, mejor»

Los números lo descartan solos: entre 30 y 180 mg al día se absorbe el 70-90 %; por encima de 1 g, menos del 50 %, y lo absorbido sin metabolizar se orina. Un comprimido de 1.000 mg no entrega 1.000 mg. El Instituto Federal alemán de Evaluación de Riesgos propone un máximo de 250 mg por dosis diaria en complementos, la mitad del formato más vendido, y a dosis altas aparecen molestias digestivas por la fracción no absorbida. En toda la sección de suplementos, el formato de dosis alta es el que mejor se vende y el que menos justificación tiene para este objetivo.

«Si el sérum lleva vitamina C, funciona»

Lo desmonta la propia normativa cosmética. El anexo del Reglamento (UE) 655/2013, que fija los criterios comunes de las reivindicaciones cosméticas, dice en el criterio de veracidad: «Las reivindicaciones de un ingrediente determinado no deben dar a entender que el producto acabado tiene esas mismas propiedades cuando no las tiene.» Está escrito para este caso.

Y la evidencia lo respalda: en el estudio de Duke, tres de los derivados de ascorbato más habituales no subieron los niveles de ácido L-ascórbico en la piel. Un sérum puede llevar vitamina C, ser legal, estar bien formulado para otra cosa y no entregar activo a la dermis. En nuestra sección de cuidado personal hay 396 referencias y solo dos llevan vitamina C en el nombre: no es un surtido del que podamos presumir, y preferimos decirlo. La vitamina C con E y selenio de Sotya se vende bastante más que los dos sérums juntos, y para la piel la evidencia va en la dirección contraria.

«El zumo cubre la vitamina C de la fruta»

Este no va contra la venta, va contra una costumbre. La vitamina C se degrada con el oxígeno, la luz y el tiempo: un zumo recién exprimido conserva bastante y uno envasado que ha pasado pasteurización y meses de almacén, no necesariamente. El contraste más brutal de la tabla está en la granada: 10,2 mg por 100 g en el fruto crudo y 0,1 mg por 100 ml en el zumo embotellado. No es un argumento contra los zumos, que tienen otras virtudes: es un argumento para no contarlos como la ración del día. Cómete el kiwi en lugar de bebértelo.

La lista de la compra

Fruta y verdura, que es donde están los miligramos. El pimiento rojo California y el brócoli son los campeones del lineal de verduras; el kiwi gold y la naranja de zumo, los de fruta; y los frutos del bosque aportan menos de lo que su reputación sugiere, aunque la fresa llegue a 58,8 mg. Las ecocestas resuelven la base sin pensarlo cada semana.

Congelado y refrigerado para los días sin fresco. La verdura escaldada y congelada conserva una parte apreciable, y en refrigerados hay platos de verdura ya preparados. Mira también las ofertas: en otoño los cítricos y las crucíferas están en su mejor momento.

Complementos, si la dieta no llega. En vitaminas y minerales están las formas de dosis contenida; en sistema inmunitario, los formatos con propóleo, equinácea y zinc; en antioxidantes, las combinaciones con vitamina E y selenio; y en superalimentos, las fuentes alimentarias concentradas tipo acerola. En cuidado personal están los dos sérums con vitamina C y el resto de la rutina que importa más que ellos: limpieza suave, hidratación y protección solar. Y para pelo y uñas, pelo, piel y uñas es el punto de partida.

¿Hacen falta suplementos de vitamina C?

Para la mayoría de quien compra en una tienda de alimentación ecológica, no: la media española está en 84,4 mg al día, la referencia europea en 95-110, y la diferencia se cubre con media pieza de fruta. Un supermercado que venda fruta y verdura y además complementos de vitamina C tiene que poder decir cuál de los dos resuelve el problema, y es el primero.

Hacen falta en casos acotados: ingesta de fruta y verdura muy baja, fumadores, dietas restrictivas, convalecencias y cuando lo indica un profesional sanitario. Y el formato sensato ahí es dosis moderada a diario, no 1.000 mg tres veces por semana, porque la vitamina C no se almacena.

Para la piel en particular, el orden de prioridades es incómodo para quien vende botes: protección solar, no fumar, sueño, proteína, fruta y verdura, y solo después un sérum bien formulado. Preferimos vender menos botes y que el que compras sirva para lo que dice el envase, como ya hicimos con el zinc de las defensas y con los antioxidantes.

Dónde comprar vitamina C en Barcelona y Sant Cugat

Tenemos tres tiendas. La primera, en Provença 242, 08008 Barcelona, en pleno Eixample. La segunda, en Còrsega 78, 08029 Barcelona, también en el Eixample, cerca de Sants. La tercera, en Antoni Bell 2, 08174 Sant Cugat del Vallès, en el barrio de Volpelleres. El teléfono es el 683 118 961 y el correo, linverd@linverd.com. En España la autoridad competente de los cosméticos es la AEMPS, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, que gestiona el sistema de cosmetovigilancia.

Lo que ofrecemos en el mostrador y Amazon no puede copiar son tres cosas. Trae el bote y hacemos la división entre 80 delante de ti, y decides si necesitas ese formato o uno más pequeño. Leemos juntos el INCI del sérum y buscamos si el activo es ácido L-ascórbico o un derivado y en qué posición aparece: si está detrás del grupo del 1 %, lo sabrás, y es la única pista que la ley te deja tener. Y elige el pimiento y el kiwi con la mano, porque la frescura cambia el contenido más que la marca del bote.

El consejo que no vendemos porque es gratis: no hiervas la col ni el brócoli más de lo necesario, aprovecha el agua de cocción, y escribe la fecha de apertura en la caja del sérum. Y si tu pregunta es de higiene y cosmética en general, en tienda te decimos también cuándo un producto no te hace falta.

Preguntas frecuentes

¿Cuánta vitamina C hay que tomar al día para la piel?

No existe una dosis específica para la piel. La referencia europea general es de 110 mg al día en hombres y 95 en mujeres (EFSA, 2013), y la declaración autorizada que menciona la piel solo exige ser fuente de vitamina C: 12 mg por 100 g. Cubrir la referencia con fruta y verdura es el objetivo; superarla no tiene beneficio cutáneo demostrado.

¿Es mejor la vitamina C en cápsula o en sérum para las arrugas?

Para la piel la evidencia clínica está en lo tópico: la revisión sistemática de 2026 reunió 44 estudios, 20 de ellos aleatorizados, casi todos de aplicación cutánea, y por vía oral no hay ensayos de vitamina C sola. Dicho eso, ninguna de las dos vías tiene autorizada en la Unión Europea una declaración sobre arrugas.

¿Qué concentración debe tener un sérum de vitamina C?

Los ensayos recientes usan del 10 al 15 % de ácido L-ascórbico a pH inferior a 3,5, y el estudio clásico de absorción percutánea situó el óptimo máximo en el 20 %. El problema es que el Reglamento de cosméticos no obliga a declarar la concentración ni el pH, así que casi nunca podrás comprobarlo.

¿Puedo tomar 1.000 mg de vitamina C al día?

No hay nivel máximo tolerable europeo, y 1.000 mg al día adicionales a la dieta no se asociaron a efectos gastrointestinales adversos en la revisión de 2004. Pero por encima de 1 g la absorción cae por debajo del 50 % y el exceso se orina: la mayor parte no llega a ningún sitio.

¿Por qué mi sérum de vitamina C se ha puesto marrón?

Porque el ácido L-ascórbico se oxida con el aire, la luz y el calor, y sus productos de oxidación son ámbar o marrones. Un sérum oscurecido ha perdido parte del activo. Guárdalo cerrado, en oscuro y fresco, elige envases opacos y anota la fecha de apertura.

¿El zumo de naranja cubre la vitamina C del día?

Un zumo recién exprimido aporta bastante, porque la naranja cruda tiene 53,2 mg por 100 g. Uno envasado y almacenado puede haber perdido mucho: el zumo de granada embotellado baja a 0,1 mg por 100 ml frente a los 10,2 del fruto crudo.

¿Tiene sentido la vitamina C si ya tomo colágeno o biotina?

La vitamina C es el único de los tres con una declaración europea autorizada que menciona la piel, y es el cofactor que necesita la síntesis de colágeno. El colágeno como ingrediente tiene dos declaraciones denegadas, y la biotina tiene un problema de dosis que explicamos en el artículo sobre la caída del pelo en otoño.

El resumen cabe en dos frases: cubre los 95 o 110 mg al día con fruta y verdura crudas o poco cocinadas, y si quieres probar la vía tópica busca ácido L-ascórbico entre los primeros ingredientes del INCI y asume que el resto de los datos no te los van a dar. El bote de 1.000 mg no es el camino.

Puedes verlo todo en la tienda online o pasarte por Provença 242 y Còrsega 78 en Barcelona, o por Antoni Bell 2 en Sant Cugat del Vallès, y preguntar con el producto en la mano. En el blog de salud están los artículos relacionados: el de la caída del pelo en otoño y el de cuánto chocolate negro al día, que trata el otro gran antioxidante del lineal.

Esta información es divulgativa y no sustituye el consejo de un profesional sanitario. Si tomas medicación, estás embarazada o en lactancia, tienes antecedentes de cálculos renales, hiperoxaluria o hemocromatosis, o notas un cambio llamativo en la piel, consulta con tu médico o farmacéutico antes de empezar cualquier complemento alimenticio.

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