"No, no eres una histérica. Es biología... y poder mal entendido"

No es tu culpa, pero sí tu responsabilidad conocer esta historia. Porque no es la narrativa habitual. Y lo que no es habitual, siempre queda silenciado, en los márgenes.

1. ¿Por qué se han demonizado las hormonas femeninas?

Desde pequeñas y durante siglos nos lo han repetido como si fuera una verdad universal:

  • “Es que estás con la regla, ¿verdad?”
  • “Eso te pasa porque tienes las hormonas alborotadas”
  • “Claro, estás menopáusica, por eso estás de mal humor”
  • “La regla es sucia y da asco”

Las hormonas femeninas han sido tratadas como culpables de todo: mal genio, lágrimas en reuniones, cansancio, despistes, antojos, dolor... Como si ser mujer fuera un eterno desequilibrio. Spoiler: no lo es.

Porque mientras nos hacen sentir culpables por ser cíclicas, se nos olvida (o nos ocultan) que nuestras hormonas también son nuestra mejor herramienta de salud hormonal.

Somos cíclicas. Como la luna. Como la tierra.

Mientras todo se mueve en ciclos —la naturaleza, las estaciones, la agricultura ecológica que tanto amamos— nosotras también lo hacemos. Y en vez de celebrarlo, nos han pedido que funcionemos en modo lineal. Productivas, estables, iguales cada día... como si fuéramos un Excel con piernas.

Pero la verdad es que:

  • Fase folicular (post-menstruación): tienes más memoria, imaginación, habilidades espaciales y sociabilidad… pero también más ansiedad.
  • Ovulación: estás poderosa, con más libido, más fuerte, más brillante.
  • Fase lútea: la progesterona te calma, te invita al descanso y a mirar hacia dentro.

La carga alostática y el efecto demostración

A esta invisibilización se le suma otra carga: el famoso “doble esfuerzo”. Además de lidiar con el cuerpo cíclico, muchas mujeres llevan sobre sus hombros: el trabajo de cuidados, el trabajo remunerado y la necesidad de demostrar que pueden hacer todo como los hombres… y sonreír mientras lo hacen. Lo que la doctora Antonia Lizarraga llama “el efecto demostración”.

Este estrés crónico acumulado tiene nombre: carga alostática. Y es una de las razones por las que el síndrome de fatiga crónica afecta más a mujeres.

El papel protector de las hormonas

  • Estrógenos: protegen tu corazón como un escudo invisible. Esto explica el menor riesgo de eventos cardiovasculares en mujeres antes de la menopausia.
  • Progesterona: antiinflamatoria natural, calma cuerpo y mente.
  • Testosterona: sí, las mujeres también la tenemos, y es clave para la energía, la densidad mineral ósea, la masa muscular y el deseo sexual.

Las hormonas no son el problema. Son parte de la solución.

2. ¿Qué pasa cuando desaparecen? Bienvenida, menopausia.

Cuando las hormonas bajan... todo cambia. No es solo que “se te va la regla”. Es que se apaga una fuente natural de lubricación, energía, protección, claridad mental…

Y empiezan a aparecer cosas como: dolor articular, problemas para dormir, libido por los suelos, sofocos, neblina mental, cambios de humor, infecciones urinarias frecuentes, sensación de estar "seca por dentro y por fuera".

¿Y sabes lo peor? Que muchas van al médico y les dicen: "Bueno, eso es normal a tu edad". O peor aún: "Tranquila, no es cáncer". ¡Y ya! Como si el único objetivo fuera “no morirse”. Pero tú quieres vivir bien, no sobrevivir a medias.

Y sí, tu cerebro también las necesita. Lisa Mosconi, neurocientífica de Cornell, investigó qué pasaba con los receptores de estrógenos en el cerebro tras la menopausia. La lógica diría: “Si ya no hay estrógenos, el cerebro dejará de pedirlos”. Pues no. Lo que encontró fue que ¡aumentan los receptores! ¿Por qué? Porque el cerebro necesita desesperadamente estrógenos para funcionar: para recordar, para concentrarse, para mantener el buen humor.

Como dice Rachel Rubin —uróloga certificada, especialista en medicina sexual—: “Añade un poco de estrógeno para mantener felices a los receptores.” Y lo dice ella, que trata más dolores articulares que muchos reumatólogos, porque sabe que las hormonas son el lubricante natural del cuerpo: para las articulaciones, para los ojos, para la piel… y sí, también para la vagina.

3. ¿Y qué se puede hacer?

1. Trazar un plan

Tener un plan de salud hormonal te cambia la vida. Porque cuando entiendes qué está pasando en tu cuerpo, dejas de pelearte con él. Y empiezas a cuidarlo con estrategia, no con castigo. Además, tener un plan reduce el estrés, baja la carga alostática y te da poder.

2. Adaptarte a tu ciclo

No se trata de “rendir igual todos los días”. Se trata de saber qué necesitas en cada fase. Ejemplos prácticos:

Fase del cicloQué pasaQué puedes hacer
MenstruaciónEnergía baja, más inflamaciónEvita café y alcohol, descansa más
Fase folicularMás energía, pero más ansiedadAumenta carbohidratos complejos, prioriza organización y foco
OvulaciónLibido y fuerza en augeHidrátate, sube proteínas, aprovecha para entrenos intensos
Fase lúteaMás calma, pero más cansancio y bajón anímicoSuplementa con magnesio y B6, más autocuidado

Y ojo, esto no es rigidez, es autoconocimiento aplicado.